“Soldados de Salamina” de Javier Cercas

13 02 2012

Título : Soldados de Salamina

Autor: Javier Cercas

Editorial: Tusquets

Por fín nos hemos reunido después de posponer varias veces el encuentro por diversos motivos.

Se incorpora el profe Amador al encuentro, parece que vamos abduciendo a más miembros.

Soldados de Salamina es un libro de actualidad por el tema, aunque fue publicado en 2001.

Investigación histórica realizada por el propio periodista sobre la vida de Sánchez- Mazas. El periodista se convierte en un protagonista de la novela.

Obra informativa sobre la guerra civil, describe nuy bien los dos bandos, especialmente el grupo falangista. Refleja muy bien el poder de Sánchez-Mazas dentro de este bando.

No es un tema interesante para los miembros más peques del grupo, así todo asistieron a la reunión y se interesaron por el tema.

Araceli piensa que  una sociedad como la nuestra en la que la gente lucha poco por sus principios debe tomar ejemplo de los españoles que intentaron defender la libertad y luchar por lo que creían. Sin embargo Amador dice que nadie quiere ir a la guerra a pegarse tiros, ni los de un bando ni los de otro, la mayoría de la gente se ve implicada y no tiene más remedio.

Recordamos que en la actualidad todas las revueltas de los países árabes, “primavera árabe”, se llevan a cabo por jóvenes que no tienen otra arma que rebelarse, no tienen nada, ni trabajo, ni casa, ni bienes, ni futuro.

Nos recuerda Amador ¿qué argumentos se usan para animarte a ir a la guerra?:

  • que los otros son malos
  • que hay luchar por la libertad
  • que hay rebelarse contra los poderosos y ricos, etc..

¿Por qué son las guerras?. Todos los discursos esconden intereses económicos y de poder.

Durante la Primera Guerra Mundial, el discurso era Guerra de las guerras, Gran guerra, después de ella se iban a arregalr todos los conflictos. Pero……….vino la Segunda Guerra Mundial y todo siguió igual.

La forma de solucionar los conflictos no es la guerra.

Hay algunos detalles del libro que hemos analizado :

En la época en que se incubaba la guerra las consignas poseían un halo de modernidad que los jóvenes, todos ellos de buenas familias acataban y penetraban en sus ideales.

Leímos;   “Esto no le impedía  frecuentar con Jose Antonio los salones más selectos de la capital, ni secundarle en alguna de sus sonadas excentricidades de señorito, como las Cenas de Carlomagno, unos banquetes enfáticamente suntuosos que una vez al mes se celebraban en el Hotel París para conmemorar al Emperador y, sobre todo, para protestar con su rigurosa exquisited aristocrática contra la vulgaridad democrática y republicana que acechaba más allá de las paredes del hotel.”(Pág. 87) ; en esta frase se explica las contradicciones de estos jóvenes: revolucionarios y a la vez anclados en su estatus superior.

“Desde que el 19 de abril de 1937  fue promulgado el Decreto de Unificación, un verdadero golpe de Estado a la inversa (como años más tarde lo llamó Ridruejo) por el que todas las fuerzas políticas que se habían sumado al Alzamiento pasaban a integrarse en un único partido bajo el mando del Generalísimo, la vieja guardia de Falange podía empezar a intuir que la revolución fascista con que había soñado no iba a llegar nunca, porque el cóctel expeditivo de su doctrina -que en una amalgama brillante, demagógica e imposible mezclaba la preservación de ciertos valores tradicionales y la urgencia de cambios profundos en la estructura social y económica del país, el terror de las clases medias ante la revolución proletaria y el irracionalismo vitalista de raíz nietzscheana, que, frente al vivere cauto burgués, propugnaba el vivere pericoloso romántico-, iba a acabar diluyéndose en un aguachirle gazmoño, previsible y conservador” (Pág 127-128)

” Así las cosas, la disyuntiva que tarde o temprano hubieron de afrontar muchos camisas viejas era diáfana: denunciar la flagrante discrepancia entre su proyecto político y el que gobernaba el nuevo estado o convivir con la menor incomodidad posible con esa contradicción y aplicarse a rebañar hasta la más mínima migaja del banquete del poder.” (Pág. 128)

“¿ Sabe? Desde que terminó la guerra no ha pasado un solo día sin que piense en ellos. Eran tan jóvenes… Murieron todos. Todos muertos. Muertos. Muertos. Todos. Ninguno probó las cosas buenas de la vida: ninguno tuvo una mujer para él solo, ninguno conoció la maravilla de tener un hijo y de que su hijo, con tres o cuatro años, se metiera en su cama, entre su mujer y él, un domingo por la mañana, en una habitación con mucho sol… (…) Nadie se acuerda siquiera de por qué murieron, de por qué no tuvieron mujer e hijos y una habitación con sol; nadie, y , menos que nadie, la gente por la que pelearon. “(Pág. 200-201).


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