“Día de la biblioteca” La biblioteca está de miedo

28 10 2010

Celebramos el Día de la Biblioteca con un exposición de libros de terror, miedo, intriga, vampiros, magia, brujería, mundo del más allá,…..

Si te gustan las emociones fuertes pásate por la biblioteca.

Te haremos un conjuro de lectura y te daremos una receta para el sueño.

                                                                                                                                                                     Durante esta semana hemnos leído algún relato de terror. En unos casos la profesora Araceli y en otros las profesoras Tere y Maite.

Hemos leído un fragmento de “La pata de mono” de Jacobs y vosotros habéis finalizado esa historia, aunque todas están estupendas vamos a poner algunas de las más interesantes.

Si queréis leer el fragmento lo podéis hacer en:                                                             http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/jacobs/pata.htm

Hasta …..Si la guarda no me eche a mi la culpa de lo que pueda suceder. Sea razonable, tírela.

Diego Torre de  1º B ESO nos cuenta como sigue:

El niño volvió a coger la pata y con miedo la tiró a la lumbre.

– ¿Qué haces, hijo?- dijo el padre.

– Destruirla papá- dijo el hijo.

Entonces el sargento interrumpuió la conversación riéndose. El padre y el hijo, extrañados, le preguntaron:

– Sargento, ¿por qué se ríe?- preguntaron padre e hijo.

– ¡Ja, ja, ja, crees que te has salvado de la pata!-dijo el sargento al muchacho.

– Claro, está ahí quemándose-dijo el muchacho.

– ¿En serio?-contestó el sargento.

En ese momento, todos miraron al sargento extrañados y luego miraron a la chimenea.

– ¡No está!-exclamó el padre.

– ¡Pero, no puede ser!-dijo el muchacho.

El sargento, se volvió a reir y les dijo que se quedaban con ella, pero que al igual que hay tres deseos o buenas ocasiones, también hay tres oportunidades para tirarla, y hasta que no pidáis los deseos no os podreis librar de ella.

De repente, la madre tuvo una idea:

– Pidamos un deseo, que la mano se destruya- dijo la madre.

– Buena idea- dijeron los demás a la vez.

Entonces, pidieron el deseo, y la mano desapareció, pero al momento apareció con dos dedos levantados.

– ¿Por qué tiene dos dedos levantados?- preguntó el hijo.

– Porque habéis intentado libraros de ella dos veces- dijo el sargento.

La familia decidió gastar los deseos para bien.

El segundo deseo fue vivir en la ciudad. Se cumplió.

El último fue ser ricos. También se cumplió.

La pata desapareció. ¿Dónde volverá a aparecer?. Eso es un misterio.

Pero la familia White descubrió que el ser rico tiene un gran precio. El precio fue …

Cristina Alonso Dosal  de 2º C ESO nos continúa el relato:

             El señor White dejó caer la pata del mono.

–       Está bien, si usted lo dice…

–       Buena elección- contestó el sargento Morris.

Éste cenó y se fue sobre medianoche. Cuando toda la familia estaba durmiendo, el señor White fue hacia donde tuvo lugar la reunión y recogió de una esquina de la chimenea la pata de mono. La había tirado ahí intencionadamente.

–       Ahora veremos de lo que eres capaz- decía el señor White al llegar al sótano.

–       Deseo tener mucho dinero- fue su primer deseo.

Al día siguiente le anunciaron que había heredado una gran fortuna de un familiar cuya existencia no conocía. Eso extrañó a todos excepto a él, ya que sabía el verdadero motivo de esto.

–       Deseo tener una salud perfecta- eligió como segundo deseo.

Ese mismo día se enteró de que la persona encargada de gestionar su fortuna había muerto en extrañas circunstancias.

Pasó otro día y acudió al médico para hacerse un chequeo y comprobar que el deseo se había cumplido. Los resultados eran perfectos, todo a su nivel exacto.

–       Deseo… -no se le ocurría nada que pedir como tercer deseo.

El señor White tuvo una infancia infeliz y ahora, en casa, había problemas. Con lo que decidió pedir como tercer deseo que todo eso se arreglara.

Hubo otra muerte, pero esta vez se trataba de su médico, que falleció por causas desconocidas.

A diferencia de los otros días, esta vez no pasó nada significativo. Aunque, quizás, las cosas en casa fueran mejor.

Sentado en su despacho, se paró a pensar en las palabras del sargento Morris y las muertes ocurridas. Ambos eran, tanto su gestor de cuentas como su médico, gente que indirectamente había colaborado a cumplir los deseos. Al llegar a esta conclusión, descubrió que si él había pedido el último deseo y los beneficiados eran su familia, podría haber participado indirectamente. Entró en pánico. Entonces, vio una sombra de lo que parecía una mano y todo oscureció. Para siempre.

Judith González lavín de 2º A ESO nos acaba el relato de esta manera:

 

            Esa misma noche, mientras los hombres hablaban, el hijo del señor White robó la pata, sabiendo las desgracias que había hecho pasar.

            En cuanto la cogió, la pata de color gris oscuro cambió a negro azabache.

            El niño se extrañó, pero eran momentos difíciles y no se asustó. Entonces recordó lo que habían dicho, lo de los tres deseos a tres hombres y pensó, al fin y al cabo era el hijo de uno de ellos y amigo de otro, eso tenía que contar; pidió un deseo: “Me gustaría vivir en un buen barrio, una casa sin ratas, ni cucarachas, sin violencia”.

            Inmediatamente un dedo desapareció, sin dejar rastro y se encontró entre las paredes de una gran casa “La bonita”, la casa más lujosa de la ciudad. Ahora sí estaba asustado, es más, aterrorizado por el hecho de saber que funcionaba de verdad.

            Pidió su segundo deseo: “Deseo vivir eternamente, que nada ni nadie pueda conmigo, ni bombas atómicas, ni pistolas potentes, ni gente más poderosa que yo”.

            Nada más decir esto, fue a la cocina, cogió un cuchillo y se lo incrustó en el corazón. Nada, ni dolor, ni sangre, absolutamente nada.

            Vio como el segundo dedo de la mano, que todavía sostenía, desaparecía poco a poco.

            Nada más tarde, empezó con su tercer y último deseo: “Quiero que todos mis enemigos mueran y yo sea el soberano del mundo”.

            Así fue, se encontró en un trono, rodeado de sirvientes arrodillados a sus pies. El tercer dedo desapareció, pero esta vez con el resto de la mano.

            Una doncella se le aproximó y le dijo: “Buenas tardes mi señor, espero que haya dormido bien”.

            Y el niño pensó en sus padres, preguntó por ellos, pero la niñera le dijo que habían muerto cuando sus enemigos no pudieron con él. Además sus amigos se hicieron cargo de su casa pero, era tan grande y cara que se arruinaron con las deudas.

            El niño estaba tan lleno de cólera que cogió un cuchillo, se cortó a la altura de las muñecas, pero el cuchillo se rompió como si fuera porcelana por culpa del deseo de ser invencible.

            El niño comprendió que no había vuelta atrás, tendría una vida eterna, triste e insustancial por robar y usar la mano del mono.


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