El lápiz del carpintero

4 02 2009

Una novela en la que se entremezclan cuentos que aúnan lo real con lo mágico, figuras retóricas, poesía y varios cambios en la línea narrativa y en la voz del narrador, no es fácil de leer. El lápiz del carpintero ha sido de esas novelas.

El lápiz del carpintero es una novela intensa. Intensa porque dice mucho y versa sobre un periodo histórico convulso. E intensa por que es breve.

En la historia que Manuel Rivas teje, no se muestra la guerra desde la sinrazón política sino desde el esperpento personal, nos sumerge en una tierra poblada por seres alucinados. Si uno quiere hablar del protagonista, no puede evitar hablar de dos personajes. Por un lado Daniel Da Barca, republicano y médico durante la guerra, que consigue sobrevivir a su condena de muerte; por el otro, Herbal, que actúa como nuestros ojos mientras cuenta su historia a una joven prostituta brasileña. El contraste entre los dos personajes es evidente. La historia que se relata es la historia de Da Barca, vencido en la guerra y privado de libertad, no se vence ante su derrota e intenta rehacer su vida. Herbal sin embargo no tiene vida que rehacer, toda su vida fue vivir la vida de otro (la de Da Barca) sin poder padecerla realmente, como si se tratara de un fantasma. Y es eso y su envidia lo que aflora sus propios fantasmas. Sus demonios internos que se resumen de forma magistral en el lápiz de carpintero que no separa de su oreja y que da nombre a la novela.

Este era un libro complejo, no por su extensión si no por su léxico. Es por ello que en nuestro club de lectura haya costado leer. Es, como se dijo, un libro para leer de un tirón, ya que los costantes cambios en el narrador, en la época y el intercalamiento de cuentos y fábulas dificulta que se entienda si se lee muy fragmentadamente.

Y es quizá ese lenguaje poético, que ha dificultado su lectura, lo que le confiere gran belleza al relato. Eso y que la psicología se los personajes nos hace sospechar que ni siquiera en las situaciones más trágicas y violentas desaparece la ilusión, el amor, la ternura…

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